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¡La revolución punk llegó!: The Adicts en Cali [CRÓNICA]

Posted By: Zoila Antonio Benito On:


Vigentes desde 1975 y con una decena de álbumes en su haber, esta banda punk inglesa, llevó más que ruido a la ciudad colombiana donde predomina la salsa.

En las calles colombianas de Cali se respira Salsa. Los días previos al fin de semana, decenas de personas se aglomeran en las afueras de las discotecas esperando mover el cuerpo toda la noche. Pero hoy, jueves, punks, rockeros, y todo aquel familiarizado con estos sonidos salieron a las calles. Hoy más que nunca. Hoy toca una de las bandas inglesas con más vigencia: The Adicts.

Desde hace semanas atrás, se viene promocionando el evento en Facebook. La mañana del jueves, un breve mensaje sorprende: “Firma de autógrafos, a partir de las 3pm (Robo y The Adicts)” se lee en una de las publicaciones. Tener la oportunidad de tomarse una foto con una de las bandas más representativas del rock es una buena idea. Los 27 grados y el sol que quema la cara no es impedimento para ir hasta una tienda de piercings y tatuajes para ver a la banda. El bus demora. La impaciencia crece. No hay saldo para pagar el pasaje con la tarjeta del bus. Hay que recargar. La fila larga se asoma. Es tiempo perdido. Miro el reloj. Ya son las 5pm.

Caminando para llegar al lugar, le pregunto sobre el evento a un chico y una chica que se aproximan hacia la acera. Ellos deben de saber sobre la firma de autógrafos. Él tiene una casaca de jean personalizada con parches de The Adicts y Sex Pistols. En cambio, lo que más resalta en su amiga es la cantidad de piercings en la oreja que posee y un polo negro de banda.

“Nunca vino The Adicts, se quedaron haciendo la prueba de sonido” “Sólo está ‘Robo’”, atinaron a decir. Mi ignorancia pudo más y pregunté por “ese tal Robo”. Resulta que Julio Roberto Valverde Valencia (alias ‘Robo’) fue el baterista en, nada más y nada menos, bandas como Misfits y Black Flag. Él es colombiano. Él es de Cali.

“Vámonos para el concierto José”, alcancé a escuchar a la chica. Un “¿puedo ir con ustedes hasta allá?” Sale de mi boca. La respuesta afirmativa me hace seguirlos.

Al instante notan mi acento:

-¿De dónde eres?”

-Soy de Perú

-¡Perú! ¡Tengo amigos allá! ¡Yo crecí viendo sus programas!

-¡Yo también!, exclama el chico

Antes de continuar con la charla, les pregunto sus nombres: Mónica y José, para que, en seguida, ella me confiesa que veía los canales de televisión peruanos, por un aparato llamado Perubólica. Él me comenta sobre Karina y Timoteo, un programa infantil de finales de los 90’s.

Recuerdos de Perú ven y vienen, pero el bus tarda. Una vez dentro del transporte, puedo hablarles de la escena Punk peruana de los 80 y 90. José se sorprende “¡Claro! Zcuela C-rrada, Narcosis…¡Los Saicos! ¡Ellos inventaron el punk!” A lo cual tendí a desmentir. Me llena de orgullo decir que son peruanos, pero hay que ser sinceros.

El bus nos deja a cinco cuadras del Cali Music Hall, un espacio recién inaugurado dentro de la comunidad caleña y, en unas horas, recinto en el cual sonará “Viva la revolución” a cargo de Keith “Monkey” Warren, vocalista de The Adicts.

El evento estuvo destinado para iniciar a las 4pm. Son casi las 6pm y las puertas continúan cerradas. Mónica me comenta que cubrirá el evento. Trajo una cámara profesional. Pronto pudimos encontrar al encargado del concierto. Mónica les comenta que soy de Perú y que cubriría este concierto. En eso, nos ponen unas pulseras rosadas. “Pasan como prensa”, se escucha. No, aún no se podía entrar, hay que esperar un poco más.

Los relojes marcan las 7pm. La gente, con cigarrillos, cerveza y ron, previa afuera del local. El color negro en sus vestimentas imperaba, los chancabuques, la tela a cuadros, las casacas de cuero en chicos y chicas. Punks con peinados mohicanos aparecían. Esto va en serio. Un chico aparece disfrazado al mismo estilo del vocalista: Pintura blanca en el rostro, sonrisa delineada con pintura negra y un traje inspirado en Alex DeLarge de La Naranja Mecánica. Los minutos corrían y la gente se impacienta. Las dos personas que resguardan la entrada del local sólo atinan a decir que esperarían las órdenes. En este evento, no sólo tocaría The Adicts, nueve bandas irán antes que ellos. Es un mini festival. Pasaron pocos minutos para que, los miembros de cada banda entren, así como sus conocidos y parejas. Nosotros tres entramos segundos y el público en tercero.

El lugar es pequeño, perfecto para un pogo más íntimo, o para acercarnos al artista. Mónica vino especialmente para fotografiar a la banda Vagales. José grita “¡The  Adicts!” Cada vez que una nueva banda sube al escenario. Él había esperado mucho tiempo por esto. “Ellos me acompañaron en los momentos más duros de mi vida. Un día, cuando iba a cumplir 13, le dije a mi mamá que sólo quería de cumpleaños un buzo de The Adicts. No lo vendían en las tiendas, así que ella decidió hacerme uno. Yo era el niño más feliz del mundo. Todavía me alcanza, pero si me lo hubiera puesto, parecería un fanboy jaja”, aclara.

Cada una de las bandas, todas colombianas, salen al escenario a cantar 5 canciones. No hay mucho tiempo. Es hora de la revolución.

Sólo basta el grito de “Let’s go, let’s go” del baterista Kid Dee, para que, cual huracán, la gente se mueva y arrase con todo a su paso. Confetti sale del escenario. La locura está presente. La energía se mantiene canción tras canción con “Joker in the pack”, “Horror Show”, “And It Was So”, “Tango” y “Easy Way Out”. El pogo sigue y sigue. La gente corea. Pronto, pelotas inflables son lanzadas desde la parte de arriba del local. Son pasadas de mano en mano por cada zona donde el público las pueda alcanzar. No duden que la adrenalina aumenta cada vez más. El “one, two, three, four, five, six, seven, eight…¡you’re just a number!” Es gritado por cada uno de los asistentes en “Numbers”. Los hombres se sacan sus polos. Es sólo el inicio.

Fotos de Mónica Romero

Los ánimos se calman un poco con “Troubadour”. La parte más sentimental de la noche llega con “I am yours” y “Angel”. Ni aunque fuesen canciones más “lentas” (entre comillas porque el punk es, sobre todo, fuerza y energía en los acordes), la banda paraba de tocar. El guitarrista, Pete Dee puede mirar a cada uno de los asistentes mientras sigue tocando. No para de jugar y alzar la guitarra. “Monkey” sacó un paraguas negro para cantar “Singing in the rain” al estilo más Kubrick posible. Apenas la abre, el confetti sale. La gente grita. Al momento de aventarlo, el paraguas se vuelve pedazos. Pronto, invita a los asistentes a soñar con “Daydreamers”, cuando, de pronto, sorprende con un “Fuck it up” dando entrada a la canción del mismo nombre, para seguir con “Talking shit”. El pogo vuelve a cobrar fuerza con el cover de The Exploited, “No More Idols”. El punk más antisistema, puro y duro, sigue vivo y coleando.

“Just like me”, “Steamroller”, “Crazy” le sigue, la gente las reconoce y las canta. Para el final de “Who Spilt My Beer”, el vocalista no duda en coger la lata de una de las cervezas más representativas del país para servirla en un sombrero de plástico. Gritos y aplausos se escuchan. Pronto, ese sombrero vuela por los aires y la cerveza salpica a todo aquel que quiere tomar de ella.

Es el turno de “Chinese takeaway”, canción coreada hasta por las personas que se encontraban en el segundo piso del recinto. Con “Bad Boy”, los ingleses demuestran que los punks también sienten culpa. Se puede ser un chico malo, pero se es feliz así, según la canción. No los juzgamos. Volvamos al pogo.

“Gimme something to do” despoja al vocalista de las innumerables pulseras que llevaba en cada brazo. Vuelan por el aire hacia manos de fans ansiosas por recibirlas y llevarse algún recuerdo de esta mítica noche.

La revolución no cesa. Es momento de cantar el himno y darle (casi) punto final a la adicción que causa la banda con su música. Con los celulares apuntando hacia el escenario, la banda entona “¡Viva la revolución!” Ante un Cali Music Hall que se quiere venir abajo de tanta energía desplegada hoy. Para terminar “Walk On” y “Ode to Joy”, se transforman en el cierre de un concierto que permaneció en la imaginación de los fanáticos del género en Cali pero que, finalmente, se convierte en realidad.

Chicos y chicas salen del recinto, agitados, transpirando y ayudándose entre amigos, pero contentos por vivir la “revolución” en una ciudad principalmente salsera. Nada quita lo pogueado.


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