Volviendo a romper el “Molde”: A diez años de su lanzamiento [RESEÑA]

Luego de escuchar “Los Olivos” me di cuenta de lo tanto que han evolucionado. Esta palabra es cliché en varias reseñas de cientos de artistas de la escena, pero que calza perfectamente con el siguiente álbum de mi polvorienta pero querida colección.

Les cuento ratas, yo tengo un disco. Uno de mis favoritos de la década pasada, y que en lo personal suena mucho mejor cada vez que recurro a mi barato y obsoleto equipo de sonido. Se trata del disco homónimo de Moldes, lanzado en pleno 2010.  La obra prima homónima de Katia, Efrén y compañía exhibe ocho piezas dignas de referencia y vigencia bajo el concepto de pop noise de Lima. Ocho canciones que, según algunos medios en ese entonces, proponen un viaje extraño y misterioso, el cual realizaremos rápidamente desde la trinchera achorada.

Una foto del recuerdo. Todos enmascarados a su estilo. Créditos: Faceebok de Moldes.

La primera no es de mi agrado. Sin embargo,  la francesa “Trés melade” es un resumen cabal de lo que obtendrás de esa caja del reptil con la dama extraña. Un spoiler sonoro que da intriga, y empalma con tres clásicos: “El Amante”, “El Árbol” y “La loca invisible de Barranco”. No digo que este triple sea icónico, pero destacan las raíces de experimentación, ruidismo y apuesta por un sonido fuera de lo “normal”, pero con toques noventeros ligados al post punk.

“El Túnel” es el nudo. Es el punto clave que combina elegancia y firmeza dentro de la peculiar propuesta. Es la dosis adecuada en sus más de cinco minutos que incluye de todo un poco, y fácil es una de las mejores canciones en la carrera de la banda. Estoy seguro de que muchos seguidores del colectivo pop coincidirán en eso.

En cuanto a las siguientes piezas se hace más notoria las influencias anglo rockeras de la última década del siglo XX, la cual se expone con mayor calidad en Aguas de Marte. Disco que hasta ahora no tengo y espero dar al menos con una copia. “Bad Latex”, “Fugitivo de Alcatraz” y “El nueve” me dejan satisfecho por su constante bit, juego de voces, riffs hipnóticos y un teclado alucinante de la dupla veterana, donde Katia sigue firme ahora con el proyecto en nueva etapa sonora y de producción, sin perder nada del toque, como notamos con “Los Olivos” hace poco.

La producción del álbum contó también con la participación de Hermann Hamann y Juanjo Salazar, que fue más allá de lo impecable, dando atajo al tramo noise que ahora conocemos. Una mención doble por su aporte y llegar a lo que el colectivo deseaba en ese entonces. Sobresaliente.

El debut de Moldes en El Comercio

Los guardias ya cerraron el portón, así que finalizamos la breve reseña. Super recomendable si desean una dosis peculiar de pop, nostalgia y experimentación. Mientras tanto, Moldes sigue asegurando su inmortalidad desde un play desde Spotify hasta la sesión live que puedan preparar en pandemia con miras a un nuevo disco, con el fantasma Sebastián Novoa y el capo Somontano, siendo este último el que “ha leído las mentes con simpleza y transparencia” en cada sesión de Zoom. Hasta otra reseña de antaño.

PS: Se siente bien volver a escribir. Ojalá sea seguido. Amén.

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